Ingeniería y altruismo

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Hace unos meses tratamos de contraponer el altruismo al emprendimiento, como formas opuestas que se dirigen a hemisferios cerebrales opuestos, por así decirlo. Por ejemplo, uno de los empresarios ejemplares y canónicos de Canarias, y a su vez ingeniero, declaró hace unos días: “Los empresarios con alma de ingeniero fueron los grandes empresarios de este país, lo han sido y lo son. El ser empresario necesita de unas grandes dosis de racionalidad, de sentido común” (Juan Miguel Sanjuán, fundador de Sacyr y del Grupo Satocan, “La Provincia”, 2 de junio).


Operando a la inversa, observando el lado oculto de la Luna, nos fijamos en un país comunista y capitalista a la vez, el imperio chino: Los últimos tres presidentes, Jiang Zemin, Hu Jintao y Xi Jinping han estudiado ingeniería, es decir, han tenido la cabeza bien amueblada para conducir esa inmensa maquinaria humana por su camino, lo que puede hacerse con dosis de racionalidad y, a la vez, “Common Sense”, puros ingredientes de ingeniero, que es aquél que se las ingenia con la razón. A esto le podemos denominar utilizar principalmente el hemisferio cerebral izquierdo.


Ahora vamos al lado derecho del cerebro y de sus conductas más específicas, la emoción, la intuición, la empatía… ¿Qué es el altruismo humano? En sociobiología evolutiva, que es desde donde estudiamos al ser superior conformado por millones de individuos, en este caso los humanos, es rasgo único y nuevo el de la aversión al trato desigual, que como han propuesto Sarah Brosnan “et alia” (en 2011), se ha dado en tres linajes emparentados: los cercopitecoideos, ceboideos y hominoideos.


En un orden taxonómico distinto, y más extenso, Edward Wilson y Bert Hölldobler (en 2005) lo detectaron en himenópteros y humanos, seres bien alejados taxonómicamente entre sí, pertenecientes a clados distintos. El funcionamiento casi maquinal del rasgo altruista involucra a la liberación cerebral de las endorfinas, opiáceos endógenos, que se expanden produciendo altas dosis de bienestar, ante un comportamiento altruista (hipótesis tratada con éxito por James Danielli, en 1980).


La evolución, saltando al ser social, ha vinculado esa capacidad de felicidad intracerebral altruista, a fin de hacer que la igualdad de los congéneres sea un recurso psicogenético exitoso para la población de los individuos en los que se desarrolla. La reproducción de las ONGs, pues, es un efecto socioevolutivo, la materialización de un instinto social no racional, ni de sentido común, por así decirlo, sino de un instinto social, en el que, como veremos seguidamente, también parasitan parásitos, parásitos cuyo nutriente principal son las ideologías explotadoras de la lástima y del pensamiento buenista denominado de izquierda. 


En 1986, el filósofo André Glucksmann, uno de los adalides de mayo de 1968, ya vacunado de la propaganda izquierdista, nos sorprendió con su obra “Silencio, se mata”, escrita junto a Thierry Wolton, y en la que desbrozaban el gigantesco negocio de las Organizaciones No Gubernamentales -sobre todo Oxfam- como coladeros, en aquel entonces, de dinero occidental para las dictaduras comunistas del Este de África. El montaje que denunciaba Glucksmann incluía al cantante Bob Geldof, que en aquel entonces fue propuesto para Premio Nobel de la Paz. Entre los estertores buenistas estuvo el de María Antonieta Macciocchi, que publicó en “El País” un extenso artículo contestario al libro del filósofo, y en el que se quejaba como podía de que los intelectuales de diversas ideologías, como Glucksmann, se precipitaban sobre el hambre, y obviando lo principal: que se estaban precipitando sobre el negocio de la izquierda occidental con sus socios comunistas, dos explotadores del altruismo “pro domo sua”. La propia Macciocchi describía perfectamente lo que ocurría, con ironía, para batir la tesis de Glucksmann: “no existen verdaderos muertos por miseria, e incluso que los países en cuestión son prósperos y sus tierras son fértiles, sólo que los regímenes comunistas del Tercer Mundo utilizan el hambre para obtener víveres gratis. O sea: se arman en el Este y se nutren a costa del Oeste. El modelo de estos países es soviético; la asistencia, occidental… y en Etiopía se habrían envenenado los pozos, requisado las cosechas y, una vez conseguida la hermosa montaña de cadáveres que se pretendía, se habría llamado a las televisiones occidentales para que documentasen el hecho”. Pues lo que podría parecer en los ochenta una intoxicación ultraliberal denunciada por Macciocchi, ahora ya es una sospecha casi confirmada y generalizada, tanto como la pederastia en las Iglesias.


Ya no se nos esconde hoy día, que hay una buena mayoría de ONGs que son receptáculos que utilizan la ideología como muchos mendigos utilizan la lástima: con el fin de recopilar dinero para los necesitados, pero previamente llenando bien los bolsillos de los gestores. Se dan escándalos sexuales, como los de Haití y Chad (Juan Alberto Fuentes, presidente de Oxfam fue apresado en Guatemala por corruptelas con la ONG entre 2008 y 2012); meses antes la trama corrupta de las ONGs salpicaba al gobierno portugués, en este caso aprovechándose de los enfermos mentales; la ONG francesa “El Arca de Noé” había sido previamente acusada de sacar cien niños del Chad; en España se ha acusado a los directivos de Intervida y Anesvad de llevarse para su bolsillo más de 30 millones de euros, sin olvidar el escándalo latente de Cruz Roja… etcétera. Pero hay un negocio casi imperceptible, muy utilizado por los medios, y que es la propaganda de dichas ONGs: Médicos Sin Frontera, Ayuda en Acción, Médicos del Mundo, Save The Children, Greenpeace, Amnistía Internacional, Acción Contra el Hambre, Unicef, Anesvad… se gastan grandes partidas de sus presupuestos en marketing, disfrutan de un régimen fiscal ventajoso frente a la empresa privada, y son dueñas de múltiples exitosas empresas que cuelgan de ellas. Por ejemplo, en 2012 se supo que las ONGs Hemisferio, Asade África, Esperanza sin Fronteras, Asamamu, Fudersa y Agrupación Ceiba, recibieron en subvenciones más de 3.650.000 euros de la Generalidad de Cataluña para hacer llegar la parte correspondiente a una serie de empresas señaladas por los gobernantes concedentes de las subvenciones.


En Francia, ideologizada con las ONGs, el negocio es suculento: más de 3.000 millones de euros anuales. Y es que no hay hemisferios cerebrales puros.


Cuando el hemisferio cerebral derecho excreta altruismo endorfínico el izquierdo usa dosis de racionalidad para quedarse con el dinero. Cuando el hemisferio cerebral izquierdo pone la racionalidad encima de la mesa, surge entre sus adalides, como Amancio Ortega, el altruismo y regala su dinero o máquinas sanitarias a la comunidad para que, en ese mismo momento, salten sobre él a destrozarlo los otros adalides del hemisferio cerebral derecho, los políticos altruistas y de las ONGs, para que no les estropee la miseria extendida que posibilita la supervivencia nutricia de estos últimos.


CERN


El C.E.R.N. "Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire"

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