HAL 9000

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Una reciente publicación en la revista “Biorxiv”, el 28 de diciembre pasado, que lleva por título “Deep image reconstruction from human brain Activity”, y cuyos autores son Guohua Shen, Tomoyasu Horikawa, Kei Majima, y Yukiyasu Kamitani, de la Universidad de Kyoto, explica la creación de un algoritmo que puede leer la mente humana. Se ha usado una tecnología de Inteligencia Artificial que analizaba dos parámetros: las señales que llegan del cerebro, detectadas por Resonancia Magnética Funcional, y las imágenes que esos sujetos estaban viendo. Cruzando ambos datos han descubierto el algoritmo que puede servir de traductor de los impulsos eléctricos de los pensamientos. Se han utilizado sistemas de redes neuronales, que simulan la actividad cerebral, y el experimento se ha llevado a cabo analizando las reacciones ante 50 fotografías por dos voluntarios observadores. A partir de ahí, el algoritmo logró reconstruir, utilizando las señales electromagnéticas que emitía el cerebro, imágenes de búhos, aviones o vidrieras, utilizando a otros tres voluntarios distintos que miraban dichos objetos, y también fue capaz el algoritmo de reproducir la imaginación de los individuos para con cuadrados, cruces, peces dorados, cisnes, leopardos y bolas. Teóricamente este algoritmo podría traducir, asimismo, sueños o recuerdos mentales, siempre que impliquen una señal electromagnética. Es decir, los recuerdos, con este descubrimiento bien enlatado tecnológicamente, se podrán grabar en un tiempo más o menos breve.


La secuencia de la famosa novela “2001: Una odisea espacial”, publicada en 1968, y llevada al cine por Stanley Kubrik en el mismo año, ha seguido así: en el año 1982 “2010: Odisea dos”, en 1987 “2061: Odisea tres”, y finalmente en 1996 “3001: Odisea final”. En todas ellas es gran protagonista el ordenador HAL 9000, famoso por haberse revelado contra sus creadores humanos, y haber asesinado a uno de sus compañeros. Había cierta morbosidad al explicarse que HAL derivaba de IBM (cada una, en el mismo orden, son las colindantes letras del alfabeto: H precede a I, A precede a B, y L precede a M), de forma que el mal precedía a la compañía que, en aquel momento, era puntera en tecnología computacional -por ejemplo, Benoit Mandelbrot, el descubridor de los fractales, lo hizo mientras era investigador en IBM-. Sin embargo, y a través de uno de los protagonistas de su saga, Arthur C. Clarke reveló que no era ese el origen, sino que HAL se trataba del acrónimo de “Heuristically Programmed Algorithmic Computer”, un computador algorítmico que había sido programado heurísticamente, lo que es decir, programado para hacer descubrimientos usando estrategias. El ordenador HAL, sin embargo, no había sido programado para mentir o para recibir órdenes dubitativas, pues la duda y la mentira corrompían su funcionamiento. Ese fue el detonante para que se volviera “loco” y matara al astronauta que viajaba con él en la nave Discovery. Los dos astronautas, una vez han comprobado que HAL se ha equivocado con una antena, van a proceder a desconectar sus circuitos, pero HAL lee los labios de ambos, se entera de la intención, y para evitarlo va a matarlos, logrando acabar con uno de ellos y con otros tripulantes que viajaban en animación suspendida.


La grandeza de la obra de Arthur C. Clarke está en su clarividencia prospectiva. En el libro, HAL inició su andadura el 12 de enero de 1997, creado por el Dr. Chandra, y era capaz de reconocer la voz, las caras, el lenguaje, la lectura del movimiento de los labios, interpretar emociones y expresarlas y razonarlas. Todo esto, casi en 1997 era imposible, pero a partir de ese año se ha hecho posible, y veinte años después todo es ya posible. Ya vamos, como vimos antes, por la lectura del pensamiento, en tanto generador de potenciales electromagnéticos que pueden ser detectados por Resonancia Magnética Funcional. Clarke, como un Julio Verne de su tiempo, lo vio treinta años antes.


En 1982, tres años después de la publicación del libro “Gödel, Escher, Bach: un Eterno y Grácil Bucle”, por Douglas R. Hofstadter, Clarke publica la segunda parte de su saga “2010: Odisea Dos”. Hofstadter une hallazgos del matemático y filósofo de la lógica Kurt Gödel, del artista  Escher y del músico Johann Sebastian Bach. Clarke lo usa para explicar el comportamiento previo de HAL: el ordenador es reiniciado por su constructor, el Dr. Chandra, quien descubre que la crisis de HAL se provocó por habérsele ordenador mentir, es decir, guardar el secreto del hallazgo de un monolito extraterrestre. Como había sido construido con una lógica que informaba “sin ocultamiento ni distorsión”, al encontrarse con tal tarea no secuencial, entró en un "Bucle Hofstadter-Moebius", de forma que el bucle extraño en el que se encontró produjo autorreferencia y paradoja, efectos típicamente ontológicos, y se estropeó. De forma gráfica, la obra de Escher mostraría bucles extraños que, en el campo lógico, calcinan el proceso silogístico o informativo.


HAL, ya “curado” de su “bucle”, se sacrifica por la tripulación humana, y en el momento en el que se destruye consiguen convertirlo en un ser no corporal, de forma que el astronauta Dave Bowman tiene un compañero incorpóreo.


Hal9000


Aspecto del computador HAL9000, 

en "2001, Odisea en el Espacio", de Kubrik



La saga avanza en “2061: Odisea tres”, de forma que HAL y Dave Bowman están conviviendo juntos en un monolito en la luna jupiterina Europa.  Y cuando llegamos a la cuarta parte de la saga “3001: Odisea final”, ambos, el ser humano Dave Bowman y HAL se han fusionado en un ente que se llama Halman.


Esta trayectoria es la que se avecina y hace columbrar, en esta época, a seres transhumanos que, justamente, adquieran esa naturaleza de máquinas biológicas, con gran resiliencia. Y viceversa, los nuevos Halman.


Hay que tener en cuenta que Arthur Clarke, nacido inglés en la tierra mágica de Somerset, en 1917, se aficionó de pequeño a la astronomía, sirvió en la Royal Air Force como especialista en radares, y en 1945 publicó un artículo sobre su especialidad, “Extra-terrestrial Relays”, en la revista “Wireless World”, con el cual fue el primero en diseñar las órbitas geoestacionarias de los satélites artificiales a 36.000 kilómetros de altura sobre la superficie terrestre, al punto en que esa órbita se llama “Órbita Clarke”. Clarke también estudió en el King´s College, de Londres, matemática y física, con lo que su preparación a los efectos de su perspectiva científica y de ficción, era de lo mejor. En 1957 siguió y vivió el lanzamiento del Sputnik I por parte de la URSS, y en aquellos años fue comentarista de radio de las misiones Apolo, de la NASA, cuando el hombre llegó a la Luna.


Su libro más fascinante, en términos de prospectiva, es “Profiles of the Future”, escrito en 1962 (revisado en 1973), donde expuso tres leyes, las leyes de Clarke. La más famosa dice: “Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Lo vemos en el avance que preludia la magia de hasta almacenar en reproductores los pensamientos, recuerdos y fantasías, conforme al estudio antes descrito, publicado hace apenas quince días. O de otra manera: “Cuando un anciano y decrépito científico afirma que algo es posible, probablemente está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, probablemente está equivocado”.


Los caoístas, en efecto, son los nuevos magos del siglo XXI, y uno de sus exponentes, Peter Carroll, afirma lo mismo, pero con mayor contundencia: la ciencia es la punta del iceberg de una existencia que en su verdadera naturaleza es mágica.


Parece, pues, que tanto yendo desde la ciencia a la magia, como haciéndolo al revés, ambos espacios existenciales se encuentran un continuum, como, en ejemplo, ocurre lo mismo que ocurría con la mecánica clásica de Newton, que parece que funciona, pero testada en grandes espacios y tiempos, se convierte en mecánica relativista einsteniana. En el mismo sentido: la ciencia funciona, excepto cuando se sale de sus límites, y entonces se encuentra con la magia.


En sus libros de prospectiva de los años 60 y 70 Clarke hacía a veces listas de descubrimientos e inventos de la humanidad. Previó Internet, además de haber imaginado las órbitas geoestacionarias, y así muchos otros hitos, pero hay uno que es curioso, para el que señaló el horizonte temporal del año 2100: la inmortalidad. Sus demás predicciones ya están casi cumplidas. Falta sólo ésta.

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